Bibliotecas del siglo XXI

El caso de la Biblioteca del Bon Pastor

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Patricia Climente Baiget* – Si buscamos el concepto de Biblioteca en internet, encontramos: “Organismo (…) que facilita el uso de los documentos que precisen los usuarios para satisfacer sus necesidades de información, investigación, educativas o de esparcimiento, contando para ello con un personal especializado”. Ciertamente no es una descripción incorrecta, de hecho es una de sus principales competencias. Sin embargo, cuando conoces la Biblioteca Bon Pastor, analizándola bien, pese a cumplir con este cometido, dicha definición poco concuerda con ella, más bien parece que carece de información, y de contenido.

Mi interés por esta institución surge gracias a las jornadas dedicadas al Día Internacional de la Ciudad Educadora (Barcelona, Noviembre 2017). En el turno de ponencias, Virgínia Cierco, directora del centro, expuso y demostró cómo a lo largo de todo estos años se ha reinventado el servicio y la valoración, que puede ofrecer inicialmente, una mera organización pública más, con dichas características y dentro de una localidad concreta. De tal manera que, en este caso, abarca otras funciones de carácter socioeducativo, y que juega un papel fundamental en el barrio, dando respuesta a las necesidades de una parte de la población de Barcelona, con situaciones socioeconómicas, culturales y educativas complejas.

Me pareció sorprendente. Y dado que en la mencionada ponencia, se despertó en mí la curiosidad de ver cómo lo llevan cabo, me dispuse a hacerle una visita y a conocerla personalmente. Allí, me recibió una directora amable, alegre, siempre con una sonrisa y transmitiéndome esa pasión por el trabajo que desarrollan y esas ganas de, permítanme la expresión, apuntarse a un bombardeo con tal de construir una ciudad mejor.

La Biblioteca Bon Pastor abrió sus puertas en al año 2004, pero no fue hasta un año más tarde, en 2005, cuando se integró en el equipo de profesionales el rol de un educador/a. Esta incorporación, fue realmente un punto de inflexión, ya que permitió orientar la convivencia entre sus usuarios. Once años, mucha ilusión, mucho trabajo y muchas ganas de mejorar y cambiar la sociedad después, se mueven y se sitúan bajo el paraguas “Tejiendo una red de oportunidades”. En el que el objetivo de, y cito literalmente palabras de la propia directora y de Verónica Millas, es “generar oportunidades, mediante la educación, a todos los usuarios y, especialmente, a aquellas personas que tienen más dificultades socio educativas, en el aprendizaje y en el acceso a la información”

Así pues, lo que pretenden con las diversas acciones que desarrollan es promover conocimiento, diálogo y participación, fomentar la igualdad entre los ciudadanos y ciudadanas de la zona, justicia social, formación, y la convivencia entre diferentes generaciones que comparten un mismo espacio público. Cito una expresión que escuché de la Dra. María López-Dóriga, que me pareció algo precioso y muy acertado, en definitiva, incitar a “hacer las paces con la cultura”.

Un aspecto importante para llevar a cabo este gran reto, es el trabajo en red que tejen con los diversos centros y entidades que forman parte del distrito. El ambulatorio, las escuelas del barrio, Cruz Roja, la Fundación Pere Tarrés, los servicios sociales, entre otros muchos agentes, luchan y colaboran por crear un barrio mejor y formar ciudadanos y ciudadanas con oportunidades. Esta unión, permite a cada uno, desde su actuación educativa, amplificar las múltiples tareas para cubrir parte de las carencias que presenta Bon Pastor.

Dado que no es posible extenderse, presentaré una fotografía de la tarea que llevan a cabo de forma generalizada, utilizando como hilo conductor sus tres líneas de actuación: fomento lector, el servicio de soporte socioeducativo y por último el trabajo en red.

Fomento lector, podría decirse que es la línea principal que llevan a cabo, ya que dada la poca comprensión lectora que se encuentran en algunos de sus usuarios, fomentar la lectura, dicen, les permite crearles oportunidades de cara a su inserción laboral y social.

También se centran en la infancia, y en este sentido, fomentar la lectura, por ejemplo, posibilita trabajar que los niños y niñas conozcan el centro, ya desde las edades más tempranas, con motivo del bajo nivel de lectoescritura que detectan, y de esta forma previenen que en un futuro, alcancen el mismo nivel de compresión escrita, en la adolescencia. Además, ofrecen talleres de lecturas adaptados para aventurarse en las infinitas historias que puede ofrecer un libro.

Otro punto importante, son las visitas de los centros escolares a la biblioteca, evidentemente para conseguir el objetivo anteriormente mencionado.

Y para poder acercar la lectura a los más pequeños e incidir en su motivación, han creado el club de lectura en voz alta, adaptándolo en función del nivel de comprensión de los mismos.

El servicio de soporte socioeducativo, en el que el trabajo de la educadora es imprescindible, presenta talleres o tutorías, con el fin de fomentar vínculos y promover las relaciones con los diferentes usuarios, y de esta manera, inciden y potencian buenos comportamientos, hábitos, respeto e inciden en las emociones y/o en las habilidades sociales.

Gracias a un educador de la Fundación Pere Tarrés, muchos jóvenes que cursan el último ciclo de la ESO, tienen la posibilidad, dos días a la semana, de tener un refuerzo en las tareas escolares. Además, proporcionan diversas dinámicas y metodologías con el fin de proporcionarles herramientas y orientación para definir su perfil laboral, y exponen también, el programa de salud, con el objetivo de ofrecer una educación sexual, y alimentar las relaciones “sanas” en igualdad de condiciones.

Y finalmente el trabajo en red, que sin duda, es parte fundamental para poder ejecutar todas las actuaciones que ofrecen. Organizar talleres junto a diversas asociaciones del territorio, en fechas señaladas como Sant Jordi o Navidad para los más pequeños; desarrollar un proyecto de imagen y fotografía dirigido a un público juvenil que no trabaja ni estudia, o colaborar con los servicios sociales para detectar o trabajar conductas de riesgo detectadas en el propio centro, son algunos modelos que nacen de esta línea.

En definitiva, una gran aportación social y educativa que nos muestra el poder del trabajo en red de una biblioteca, fuera de lo común, donde, además, puedes disfrazarte, ya en su tradicional fiesta de Halloween, puedes bailar flamenco y donde prima más la asistencia que el ruido que puedan generar los jóvenes.

Una biblioteca que pretende  acercar el mundo cultural a pie de calle, y tejiendo sinergias para llevarlo a cabo. Sin duda, participa de la redefinición del concepto de biblioteca en el siglo XXI.

 

*Patricia Climente Baiget es alumna del máster de Educació en Valors i Ciutadania de la Facultat d’Educació de la Universitat de Barcelona.

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